domingo, 23 de diciembre de 2007

Las palabras de otros...

Empezó como un comentario mutilado por la innegable complejidad de la tecnología, pero encontró su manera de vivir y aquí se los dejo sin mucha introducción.
Yasser Andrés



"A veces nos sumergimos tanto en la estúpida pero necesaria rutina diaria que ni siquiera nos resta tiempo para preocuparnos por nuestros amantes, amigos, familiares y compañía. Ya me lo reclamabas en una oportunidad en la que se me atragantaron los sentimientos y la nostalgia se apoderó vilmente sin servir de nada, hasta ahora.

Tenía años que no me conectaba y, a pesar de que existe desde hace varios meses, es ahora cuando tengo la maravillosa oportunidad de explorar tu blog y reconocer a través de palabras, una vez más, al Yasser que desde siempre adoré y adoro, al Yasser que una vez amé y que hoy persigo con “el deseo eterno de unir y celebrar mis alegrías como almas gemelas con las suyas”.

Yo también quiero decir cosas del corazón, ya sabes que eso me encanta, aunque a veces erróneamente no deje tiempo para hacerlo, pero hoy me revelo contra el mundo: quiero decir cosas del corazón y punto, no hay rutina que valga.

Qué dicha saber de un espacio, de tu espacio, para que hablemos de amor y desamor, de poesía, de magia, de verdades e incongruencias, del día y de la noche, de nuestros sueños y los tuyos, de mi egoísmo y el de otros. Genial idea.

Tus palabras, en medio de un viento gélido y el sonido de unas puertas que se baten, han movido los recuerdos del baúl que guardo en mi memoria.

Los días van pasando implacables, los años nos recorren el cuerpo, nos estremecen el alma y al final nos dejan un par detestable: melancolía y soledad.

Como es infinita la retahila de cosas que hablaremos de aquí en adelante, como una vez lo hacíamos cuando tu mundo y el mío se encontraban e interconectaban, yo empiezo en esta noche fría en la que estoy abrigada hasta el alma, por decirte lo que nuestro amado Mario B. me enseñó a través de su poesía, poesía que nos alienta, nos traduce verdades y nos sumerge en la tristeza pero también nos salva de ella, esa poesía que tanto compartimos y nos dedicamos, esa que sólo él sabe crear y que aparece en noches como éstas cuando todos se van y nadie nos entiende, verdad?: “sólo con ese gajo de corazón que no traiciona, que lava sus hechizos en la sangre fiable que sin pausa bombea se puede sobrevivir en el vacío mientras se aprende a respirar”.

Aún estamos aprendiendo a respirar, a ratos tenemos amagos de ahogo y el vacío quiere que nos acostumbremos a él, pero no, entonces emprendemos la lucha y ahí vamos y seguiremos. A veces nos vamos porque es necesario, otras porque no, pero lo mejor es que a veces volvemos en una de esas vueltas que da el mundo sin avisar, por eso además te comunico que aquí vuelvo y me quedo para lo que quieras, para que sin paliativos nos digamos lo que pensamos y/o sentimos, para que juntos nos salvemos del olvido, para que cuidemos tu gajo y mi gajo que no traiciona, para que vengas al patio de mis rarezas y para ir de nuevo al patio de las tuyas que alimentan las mías ¿Vale?

Te adoro, negro. "

Lucía.Eugenia

EL POEMA DEL DÍA

LA CARTA EN EL CAMINO

Adios, pero conmigo
serás, irás adentro

de una gota de sangre que circule en mis venas
o fuera, beso que me abrasa el rostro
o cinturón de fuego en mi cintura.
Dulce mía, recibe
el gran amor que salió de mi vida
y que en ti no encontraba territorio
como el explorador perdido
en las islas del pan y de la miel.
Yo te encontré después
de la tormenta,
la lluvia lavó el aire
y en el agua
tus dulces pies brillaron como peces.

Adorada, me voy a mis combates.

Arañaré la tierra para hacerte una cueva
y allí tu Capitán
te esperará con flores en el lecho.
No pienses más, mi dulce,
en el tormento
que pasó entre nosotros
como un rayo de fósforo
dejándonos tal vez su quemadura.
La paz llegó también porque regreso.
a luchar a mi tierra,
y como tengo el corazón completo
con la parte de sangre que me diste
para siempre,
y como
llevo
las manos llenas de tu ser desnudo,
mírame,
mírame,
mírame por el mar, que voy radiante,
mírame por la noche que navego,
y mar y noche son los ojos tuyos.
No he salido de ti cuando me alejo.
Ahora voy a contarte:
mi tierra será tuya,
yo voy a conquistarla,
no sólo para dártela,
sino que para todos,
para todo mi pueblo.
Saldrá el ladrón de su torre algún día.
Y el invasor será expulsado.
Todos los frutos de la vida
crecerán en mis manos
acostumbrados antes a la pólvora.
Y sabré acariciar las nuevas flores
porque tú me enseñaste la ternura.
Dulce mía, adorada,
vendrás conmigo a luchar cuerpo a cuerpo
porque en mi corazón viven tus besos
como banderas rojas,
y si caigo, no sólo
me cubrirá la tierra
sino este gran amor que me trajiste
y que vivió circulando en mi sangre.
Vendrás conmigo,
en esa hora te espero,
en esa hora y en todas las horas,
en todas las horas te espero.
Y cuando venga la tristeza que odio
a golpear a tu puerta,
dile que yo te espero
y cuando la soledad quiera que cambies
la sortija en que está mi nombre escrito,
dile a la soledad que hable conmigo,
que yo debí marcharme
porque soy un soldado,
y que allí donde estoy,
bajo la lluvia o bajo
el fuego,
amor mío, te espero,
te espero en el desierto más duro
y junto al limonero florecido:
en todas partes donde esté la vida,
donde la primavera está naciendo,
amor mío, te espero.
Cuando te digan "Ese hombre
no te quiere", recuerda
que mis pies están solos en esa noche, y buscan
los dulces y pequeños pies que adoro.
Amor, cuando te digan
que te olvidé, y aun cuando
sea yo quien lo dice,
cuando yo te lo diga,
no me creas,
quién y cómo podrían
cortarte de mi pecho
y quién recibiría
mi sangre
cuando hacia ti me fuera desangrando?
Pero tampoco puedo
olvidar a mi pueblo.
Voy a luchar en cada calle,
detrás de cada piedra.
Tu amor también me ayuda:
es una flor cerrada
que cada vez me llena con su aroma
y que se abre de pronto
dentro de mí como una gran estrella.

Amor mío, es de noche.

El agua negra, el mundo
dormido, me rodean.
Vendrá luego la aurora
y yo mientras tanto te escribo
para decirte: "Te amo".
Para decirte "Te amo", cuida,
limpia, levanta,
defiende
nuestro amor, alma mía.
Yo te lo dejo como si dejara
un puñado de tierra con semillas.
De nuestro amor nacerán vidas.
En nuestro amor beberán agua.
Tal vez llegará un día
en que un hombre
y una mujer, iguales
a nosotros,
tocarán este amor, y aún tendrá fuerza
para quemar las manos que lo toquen.
Quiénes fuimos? Qué importa?
Tocarán este fuego
y el fuego, dulce mía, dirá tu simple nombre
y el mío, el nombre
que tú sola supiste porque tú sola
sobre la tierra sabes
quién soy, y porque nadie me conoció como una,
como una sola de tus manos,
porque nadie
supo cómo, ni cuándo
mi corazón estuvo ardiendo:
tan sólo
tus grandes ojos pardos lo supieron,
tu ancha boca,
tu piel, tus pechos,
tu vientre, tus entrañas
y el alma tuya que yo desperté
para que se quedara
cantando hasta el fin de la vida.

Amor, te espero.

Adiós, amor, te espero.

Amor, amor, te espero.

Y así esta carta se termina
sin ninguna tristeza:
están firmes mis pies sobre la tierra,
mi mano escribe esta carta en el camino,
y en medio de la vida estaré
siempre
junto al amigo, frente al enemigo,
con tu nombre en la boca
y un beso que jamás
se apartó de la tuya.

Pablo Neruda