jueves, 6 de septiembre de 2007

Una pregunta a cuestas...

A la dueña de mis respuestas...
¿le pregunto al azar
acaso porque sé
que el azar no responde?
Mario Benedetti

Si navego en las aguas del constante frenesí de los seres humanos por la irremediable división del mundo en parejas, me encuentro nadando (o naufragando) en una pregunta que es irreversible. ¿Caeré en la tentación de los bombones pares, de los entrelazados algodones de azúcar, las anamórficas copas que auguran una vez más la angustia de la incertidumbre? De dos en dos somos muchos y las estadísticas son poco esperanzadoras. ¿Por qué no de tres en tres, de cuatro en cuatro, de 5 para 1?Aunque suene a una invitación a la poligamia y mis líneas se fundan en un encuentro desesperado con la irremediable indecisión del ser, ese no es mi fin. Mi fin es una inquietante pregunta que sólo me puedo realizar en un estado de soledad. No la soledad que invade de melancolía y llena de negra neblina las noches de largo sollozo, ni las soledades de babel, ni la soledad tuya, ni de la soledad mía, sino la de todos. La que entrega doncellas inoportunas, infieles, cándidas y juguetonas, la que entrega caballeros andantes de lujuria, ávidos de placer y colmados de blancas mentiras.

Mi pregunta es milenaria, es común, es tranquila, inquietante, ya sabida, misteriosa, estresante, aliviante, pero eres tú, soy yo y todos los que conocemos. La compartimos en secreto con nuestras noches, la susurramos con inocencia en veladas eternas, la gritamos al cielo en noches desesperadas y la encontramos a la orilla de los más grandes placeres. Sin esa pregunta no habría andar, ni héroes, ni augurios, ni profetas, ni falsos sacerdotes, ni desesperadas doncellas. La piensa el señor de la esquina, el divino poeta, el desalmado villano y el de la humilde trompeta. La canta un niño herido, y un alegre arlequín, porque sin ti y sin ella la vida no tendría fin.

Mi pregunta va más alla de una simple respuesta. Va en contra de las injusticias, de lo que merecemos, de las historias de hada, de los posibles y los imposibles, de tu historia y de mi historia, al final no somos tan diferentes. Tu me quieres, yo te quiero, ella me quiere, todos nos queremos y sin embargo caminamos en senderos opuestos. Al final la pregunta se transforma en una cuestión de suerte, como dice la niña de mis sueños, en una lotería con probabilidades nefastas. Es allí donde la pregunta adquiere relevancia! ¿Será que quiero respuesta para mi pregunta o me pongo un antifaz carmesí y espero con ansias la embestida del toro?¿ Llenaré de profecías los imborrables cuadernos de mi efímera existencia o tacharé las respuestas de mi vida y su inclemencia?

No adelanto mi destino, ni me guardo a escondidas la gloria de un amor eterno. El sabor de lo desconocido se prueba hasta en mis huesos, se hornean los tuétanos y la grasa no sabe a más que a una espera en silencio. ¿ Será que comparten mi pregunta en un simple desván? o la cucharilla de mi sabiduría esparrama la delicadeza de un destino compartido. No doy más, te pregunto a ti, a ella, a el que no ha nacido, a lo que sea que este arriba, o dentro, o fuera, o más grande o más chico que nosotros pero da la idea de que nos controla y que nos reta.

¿Quién carajo será mi compañera? la que se coma los bombones uno a uno, la que se siente en la mesa de mi largo camino, la que comparta el augurio de mi incertidumbre. ¿Cómo será?¿Tendrá los dientes perlados y la mirada fija de una sirena perdida? ¿ O vendrá llena de dulzura y de un brote de rabia descoserá los hilos de mi alma fingida? No la veo, no la siento (muchos se sentirían afortunados de esta suerte de veteranía). ¿Vendrá escondida a acecharme en los últimos segundos de mi amarga agonía, o creceremos juntos en el jardín de los infinitos días?¿Tallaremos nuestro nombre en un árbol de gruesas raíces y nos enredaremos en el ocio de tenernos día a día? Ella me quiere decir la respuesta, esta inquieta, pero no responde. No responde por humildad, porque sabe que la incertidumbre es una leal compañía. Tantas preguntas al azar invaden mis últimas líneas. Quisiera llenarlas con sus preguntas, con mi alegría y tu alegría, con tu esperanza que es su esperanza y con las penas que invaden la mía. Quizás no quiera respuestas hasta que muera, quizás no quiera esperanza si no es contigo, no quiero mi vida con tu amarga destreza, sin tus manos, sin tu cuerpo, sin las increibles bondades de tu delicadeza. Párate frente a mí y no dejes que más nadie responda, llena de palabras mi vida para que no quepan mas respuestas, aduéñate de mis días y mis eternas rarezas, y prométeme que hasta este día llevo esta pregunta a cuestas.

2 comentarios:

Gata dijo...

quien sera mi compañera..??
te falto
LA QUE SE FUME UN PORRO CONMIGO
LA QUE SE ATREVA A ESCAPAR DE SU MENTE Y SE DEJE LLEVAR POR EL ENCANTO DE OTROS MUNDOSS QUE ESTAN PERO NO SIEMPRE PODEMOS VERR

pollita frita dijo...

caraaaa.. toy pensando demasiadooooo
quien escribio estoo? tu o mario?
contame.. me encantaaa
pasate por mi blog pa que veas mis illos

EL POEMA DEL DÍA

LA CARTA EN EL CAMINO

Adios, pero conmigo
serás, irás adentro

de una gota de sangre que circule en mis venas
o fuera, beso que me abrasa el rostro
o cinturón de fuego en mi cintura.
Dulce mía, recibe
el gran amor que salió de mi vida
y que en ti no encontraba territorio
como el explorador perdido
en las islas del pan y de la miel.
Yo te encontré después
de la tormenta,
la lluvia lavó el aire
y en el agua
tus dulces pies brillaron como peces.

Adorada, me voy a mis combates.

Arañaré la tierra para hacerte una cueva
y allí tu Capitán
te esperará con flores en el lecho.
No pienses más, mi dulce,
en el tormento
que pasó entre nosotros
como un rayo de fósforo
dejándonos tal vez su quemadura.
La paz llegó también porque regreso.
a luchar a mi tierra,
y como tengo el corazón completo
con la parte de sangre que me diste
para siempre,
y como
llevo
las manos llenas de tu ser desnudo,
mírame,
mírame,
mírame por el mar, que voy radiante,
mírame por la noche que navego,
y mar y noche son los ojos tuyos.
No he salido de ti cuando me alejo.
Ahora voy a contarte:
mi tierra será tuya,
yo voy a conquistarla,
no sólo para dártela,
sino que para todos,
para todo mi pueblo.
Saldrá el ladrón de su torre algún día.
Y el invasor será expulsado.
Todos los frutos de la vida
crecerán en mis manos
acostumbrados antes a la pólvora.
Y sabré acariciar las nuevas flores
porque tú me enseñaste la ternura.
Dulce mía, adorada,
vendrás conmigo a luchar cuerpo a cuerpo
porque en mi corazón viven tus besos
como banderas rojas,
y si caigo, no sólo
me cubrirá la tierra
sino este gran amor que me trajiste
y que vivió circulando en mi sangre.
Vendrás conmigo,
en esa hora te espero,
en esa hora y en todas las horas,
en todas las horas te espero.
Y cuando venga la tristeza que odio
a golpear a tu puerta,
dile que yo te espero
y cuando la soledad quiera que cambies
la sortija en que está mi nombre escrito,
dile a la soledad que hable conmigo,
que yo debí marcharme
porque soy un soldado,
y que allí donde estoy,
bajo la lluvia o bajo
el fuego,
amor mío, te espero,
te espero en el desierto más duro
y junto al limonero florecido:
en todas partes donde esté la vida,
donde la primavera está naciendo,
amor mío, te espero.
Cuando te digan "Ese hombre
no te quiere", recuerda
que mis pies están solos en esa noche, y buscan
los dulces y pequeños pies que adoro.
Amor, cuando te digan
que te olvidé, y aun cuando
sea yo quien lo dice,
cuando yo te lo diga,
no me creas,
quién y cómo podrían
cortarte de mi pecho
y quién recibiría
mi sangre
cuando hacia ti me fuera desangrando?
Pero tampoco puedo
olvidar a mi pueblo.
Voy a luchar en cada calle,
detrás de cada piedra.
Tu amor también me ayuda:
es una flor cerrada
que cada vez me llena con su aroma
y que se abre de pronto
dentro de mí como una gran estrella.

Amor mío, es de noche.

El agua negra, el mundo
dormido, me rodean.
Vendrá luego la aurora
y yo mientras tanto te escribo
para decirte: "Te amo".
Para decirte "Te amo", cuida,
limpia, levanta,
defiende
nuestro amor, alma mía.
Yo te lo dejo como si dejara
un puñado de tierra con semillas.
De nuestro amor nacerán vidas.
En nuestro amor beberán agua.
Tal vez llegará un día
en que un hombre
y una mujer, iguales
a nosotros,
tocarán este amor, y aún tendrá fuerza
para quemar las manos que lo toquen.
Quiénes fuimos? Qué importa?
Tocarán este fuego
y el fuego, dulce mía, dirá tu simple nombre
y el mío, el nombre
que tú sola supiste porque tú sola
sobre la tierra sabes
quién soy, y porque nadie me conoció como una,
como una sola de tus manos,
porque nadie
supo cómo, ni cuándo
mi corazón estuvo ardiendo:
tan sólo
tus grandes ojos pardos lo supieron,
tu ancha boca,
tu piel, tus pechos,
tu vientre, tus entrañas
y el alma tuya que yo desperté
para que se quedara
cantando hasta el fin de la vida.

Amor, te espero.

Adiós, amor, te espero.

Amor, amor, te espero.

Y así esta carta se termina
sin ninguna tristeza:
están firmes mis pies sobre la tierra,
mi mano escribe esta carta en el camino,
y en medio de la vida estaré
siempre
junto al amigo, frente al enemigo,
con tu nombre en la boca
y un beso que jamás
se apartó de la tuya.

Pablo Neruda