jueves, 10 de mayo de 2007

El vino llora...

Si, llora cuando tu agitas la copa haciendo remolinos en ese convexo hogar donde lo depositaste para luego tomartelo; esas lágrimas dicen su edad y tu apenas las notas, algunos le dicen patas, otros le dicen pies, pero en frente a tus sentidos se hacen inertes por tu deseo de beber.

Llora porque te acompaña en tu deseo... se derrama lentamente en su hogar como quien deja su ropa en el pasillo y desnudo frente al deseo se muestra vulnerable a todo. A ti, a tu recuerdo, a las ansias de un nuevo recorrido. Cada lágrima muere cuando tu mueres al amanecer, por eso llora tu junto a el, porque cada gota sera la complicidad de un nuevo amor, de una nueva tristeza.

Y cuando te seques, y mueras con el en el amanecer, y te quedes sin un compañero de lucha en recorridos imposibles, piensa que otros vendran en tu ayuda. Una copa clara a mitad del amanecer, unos labios rosados que besan nuevas pasiones, o unos ojos tintos que recuerdan amargura, pero una amargura que sabe a ti, que sabe a tu ausencia. No estamos solos, siempre habra alguien inquieto esperando tu mano, esperando tu aliento, sintiendo cada respiración que grita auxilio, que grita perdón.

Ese mismo vino se hace sentir cuando te lo llevas a la nariz y no al contrario, en ese momento te deja imaginar que estas en el campo rodeado de esos elocuentes aromas que te hacen volar. lo pruebas y te dice que tan astringente es....en la primera copa analizas sus cualidades, en la segunda lo saboreas, en la tercera se te excitan las papilas, en la cuarta ya no te importa ninguna información anterior, en la quinta que nunca es mala se te alegra el corazón...

la unica manera de poder comentar este blog es estando borracho...y lo logramos. tres botellas de vino, una infinidad de canciones y un deseo... de caracas a guasdualito este vino es igualito. Llévatelo... Yasser Andrés y Juan Ernesto

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EL POEMA DEL DÍA

LA CARTA EN EL CAMINO

Adios, pero conmigo
serás, irás adentro

de una gota de sangre que circule en mis venas
o fuera, beso que me abrasa el rostro
o cinturón de fuego en mi cintura.
Dulce mía, recibe
el gran amor que salió de mi vida
y que en ti no encontraba territorio
como el explorador perdido
en las islas del pan y de la miel.
Yo te encontré después
de la tormenta,
la lluvia lavó el aire
y en el agua
tus dulces pies brillaron como peces.

Adorada, me voy a mis combates.

Arañaré la tierra para hacerte una cueva
y allí tu Capitán
te esperará con flores en el lecho.
No pienses más, mi dulce,
en el tormento
que pasó entre nosotros
como un rayo de fósforo
dejándonos tal vez su quemadura.
La paz llegó también porque regreso.
a luchar a mi tierra,
y como tengo el corazón completo
con la parte de sangre que me diste
para siempre,
y como
llevo
las manos llenas de tu ser desnudo,
mírame,
mírame,
mírame por el mar, que voy radiante,
mírame por la noche que navego,
y mar y noche son los ojos tuyos.
No he salido de ti cuando me alejo.
Ahora voy a contarte:
mi tierra será tuya,
yo voy a conquistarla,
no sólo para dártela,
sino que para todos,
para todo mi pueblo.
Saldrá el ladrón de su torre algún día.
Y el invasor será expulsado.
Todos los frutos de la vida
crecerán en mis manos
acostumbrados antes a la pólvora.
Y sabré acariciar las nuevas flores
porque tú me enseñaste la ternura.
Dulce mía, adorada,
vendrás conmigo a luchar cuerpo a cuerpo
porque en mi corazón viven tus besos
como banderas rojas,
y si caigo, no sólo
me cubrirá la tierra
sino este gran amor que me trajiste
y que vivió circulando en mi sangre.
Vendrás conmigo,
en esa hora te espero,
en esa hora y en todas las horas,
en todas las horas te espero.
Y cuando venga la tristeza que odio
a golpear a tu puerta,
dile que yo te espero
y cuando la soledad quiera que cambies
la sortija en que está mi nombre escrito,
dile a la soledad que hable conmigo,
que yo debí marcharme
porque soy un soldado,
y que allí donde estoy,
bajo la lluvia o bajo
el fuego,
amor mío, te espero,
te espero en el desierto más duro
y junto al limonero florecido:
en todas partes donde esté la vida,
donde la primavera está naciendo,
amor mío, te espero.
Cuando te digan "Ese hombre
no te quiere", recuerda
que mis pies están solos en esa noche, y buscan
los dulces y pequeños pies que adoro.
Amor, cuando te digan
que te olvidé, y aun cuando
sea yo quien lo dice,
cuando yo te lo diga,
no me creas,
quién y cómo podrían
cortarte de mi pecho
y quién recibiría
mi sangre
cuando hacia ti me fuera desangrando?
Pero tampoco puedo
olvidar a mi pueblo.
Voy a luchar en cada calle,
detrás de cada piedra.
Tu amor también me ayuda:
es una flor cerrada
que cada vez me llena con su aroma
y que se abre de pronto
dentro de mí como una gran estrella.

Amor mío, es de noche.

El agua negra, el mundo
dormido, me rodean.
Vendrá luego la aurora
y yo mientras tanto te escribo
para decirte: "Te amo".
Para decirte "Te amo", cuida,
limpia, levanta,
defiende
nuestro amor, alma mía.
Yo te lo dejo como si dejara
un puñado de tierra con semillas.
De nuestro amor nacerán vidas.
En nuestro amor beberán agua.
Tal vez llegará un día
en que un hombre
y una mujer, iguales
a nosotros,
tocarán este amor, y aún tendrá fuerza
para quemar las manos que lo toquen.
Quiénes fuimos? Qué importa?
Tocarán este fuego
y el fuego, dulce mía, dirá tu simple nombre
y el mío, el nombre
que tú sola supiste porque tú sola
sobre la tierra sabes
quién soy, y porque nadie me conoció como una,
como una sola de tus manos,
porque nadie
supo cómo, ni cuándo
mi corazón estuvo ardiendo:
tan sólo
tus grandes ojos pardos lo supieron,
tu ancha boca,
tu piel, tus pechos,
tu vientre, tus entrañas
y el alma tuya que yo desperté
para que se quedara
cantando hasta el fin de la vida.

Amor, te espero.

Adiós, amor, te espero.

Amor, amor, te espero.

Y así esta carta se termina
sin ninguna tristeza:
están firmes mis pies sobre la tierra,
mi mano escribe esta carta en el camino,
y en medio de la vida estaré
siempre
junto al amigo, frente al enemigo,
con tu nombre en la boca
y un beso que jamás
se apartó de la tuya.

Pablo Neruda