domingo 8 de abril de 2007

La tierra giró para sorprendernos...

A tí. hasta el próximo giro, hasta la próxima vuelta.

Como la mayoría de los occidentales y los accidentales piensan, la vida es una línea recta que caminamos sin equilibrio alguno y que recorremos desesperadamente hacia adelante, encaminados hacia el abismo inexorable que llamamos muerte. Es increible pensar que a pesar de los globos y las pelotas, los helados y los abismados, los niños probeta y los proxenetas, no podamos ver la naturaleza cíclica de las cosas. Un algodón de azúcar metido de cabeza girando y girando, dando forma a nuestros eventos y desconciertos, nuestra única razón para reirnos y consolarnos de este trompo desaforado que no podemos bailar en la mano y que llamamos vida y llamamos tiempo.

Hoy la tierra giró para sorprendernos, para animarnos y despertarnos. Algunos escépticos a las vueltas, otros ansiosos a las piruetas, pero al final todos somos víctimas del centrifugado que nos sacude y nos exprime hasta vaciar las últimas de nuestras dudas. ¿Por qué te fuiste? ¿por qué tuve que conocerte? ¿por qué yo? ¿por qué a mi? nos repetimos sin piedad alguna las puntadas en el brazo como el tatuaje que nos recuerda la miseria de nuestro destino. No. No puedo compartir esa visión. La vida no es una andada veloz hacia la nada, no tenemos a nadie que ganarle, ni siquiera al tiempo, ni siquiera a la muerte. Siento que la vida es un compendio de ciclos que nos animan a esperar ese punto donde pasa lo mismo pero no somos lo mismo, en donde pisamos nuestras pisadas, pero mucho más pesimistas y mucho, pero mucho más optimistas.

A ver. En mi vida he perdido y he ganado tanto y a tantos, que cada vez que me paro y miro hacia arriba, y veo los faroles que en alguna tragedia me acompañaron, que en alguna alegría vaciaron su luz en mi camino para no perderla, me alegro de haber vivido para esta nueva aventura, para estas nuevas ganas de llorar, para esta incertidumbre que sabe a tantas otras que sabe a nostalgia, que sabe a recuerdo. Pero cuando veo hacia abajo y veo mis pies fundidos en la misma piedra que me dio de comer, me doy cuenta que no somos fantasmas de un pasado, que no podemos dejar nuestras historias como quien deja un pañuelo en el lodo para que un amor fugaz lo recoja; llevamos a rastra nuestras pequeñas complicidades con la vida, como el que arrastra un grillete, como el que empuja con ansias un coche, o como el que alienta con tierno acento extranjero a una deliciosa gallina a que se eche en la olla, como si la culpa no lo fuese a perseguir y le dice: andá que yo te alcanzo, andá que al final seremos caldo del mismo caldo.

Somos la prueba de que hemos existido, de las cosas que nos pasan y nos atrasan, de las cosas que hemos prometido y las que hemos advertido. Mareados ya de tanta espera, llevamos un estandarte de vueltas cabalgando hacia nosotros mismos, con la cara llena de viento y de esperanza, con el pecho lleno de muertos y desalientos. Es una carrera. Pero no una carrera hacia encontranos los mismos en el mismo huerto, con las manos llenas de la misma sal, con las manos hinchadas de la misma herida, sino una carrera lenta hacia encontrarnos fuertes de tanta veteranía, con tus risa hecha mía y de regalo un futuro, pero un futuro incierto.

Por eso hoy, que la tierra giró para sorprendernos, y te he perdido sutana y te he encontrado mengano, los lloro como si fuese el final de la vida, como si fuese el principio de un sueño. Una vuelta, otra vuelta y otra más. Apareces hermana, te despides hermano. Soy el mismo que les dió de comer y de beber, reconózcanme porque los he de encontar en otra vuelta, y casi como una casualidad, tropezando frente a frente, llenos de amor y llenos de miedo, nos enjuagaremos las tristezas de la cara, nos limpiaremos uno a uno los recuerdos, y sólo entonces nos daremos cuenta de que no somos los mismos, quizás un poco mas viejos, quizás un poco mas necios.

Por eso hoy, que la tierra giró para sorprendernos, te daré la bienvenida tristeza, te agarro del brazo alegría, te invito una copa esperanza y me hago el loco agonía. Justo allí, en ese preciso momento, estaremos vivos y estaremos muertos, muertos de tanta alegría, vivos de tanto desprecio, pero siempre, pero siempre, confesos y contentos de estar aqui llorando juntos en el mismo huerto.



"hoy el mundo da otra vuelta, pero nadie me 'avisao..."

2 comentarios:

Johanna dijo...

Definitivamente ratifico lo que tengo en mi nick; "El poder de las palabras radica en quien sabe usarlas". Como le comente a un amigo ahora gracias a ti en comun; que por cierto no tengo la dicha de conocerlo personalmente.
Que esto de escribir, del saber como transmitir sentimientos mediante lineas es un don; no todos tienen esa facilidad.
No se si lo sabras, pero me has enseñado muchas cosas y entre ellas la pureza de un poema y disfrutar de ellos.
Me enseñaste a escuchar, antes de hablar..
Me enseñaste que la espera es oportuna; que los días tienen noches exquisitas y que el día es un complemento para vivir.
Me enseñaste que equivocarse no es único y que las puertas tienen entradas y salidas,nunca estás atrapado, y nunca estás en soledad......
Y sobre todo la quietud de tu alma, la manera en la que vez la vida. Y agradezco que me lo hayas enseñado.
Gracias por todos los momentos que hemos compartido momentos llenos de sentimientos y pensamientos compartidos, sueños y anhelos, secretos, risas y lágrimas.
Cada preciado segundo quedará atesorado eternamente en mi corazón.
Gracias por dedicarme tiempo;
tiempo para escuchar mis problemas
y ayudarme a buscarles solución,
y sobre todo, tiempo para sonreir y mostrarme tu afecto.
Gracias por ser lo que eres una persona maravillosa.
Y Gracias por enviciarme de esto.
TE ADORO...

Bibi dijo...

"de vuelta y vuelta
tan joven y de vuelta..."

EL POEMA DEL DÍA

LA CARTA EN EL CAMINO

Adios, pero conmigo
serás, irás adentro

de una gota de sangre que circule en mis venas
o fuera, beso que me abrasa el rostro
o cinturón de fuego en mi cintura.
Dulce mía, recibe
el gran amor que salió de mi vida
y que en ti no encontraba territorio
como el explorador perdido
en las islas del pan y de la miel.
Yo te encontré después
de la tormenta,
la lluvia lavó el aire
y en el agua
tus dulces pies brillaron como peces.

Adorada, me voy a mis combates.

Arañaré la tierra para hacerte una cueva
y allí tu Capitán
te esperará con flores en el lecho.
No pienses más, mi dulce,
en el tormento
que pasó entre nosotros
como un rayo de fósforo
dejándonos tal vez su quemadura.
La paz llegó también porque regreso.
a luchar a mi tierra,
y como tengo el corazón completo
con la parte de sangre que me diste
para siempre,
y como
llevo
las manos llenas de tu ser desnudo,
mírame,
mírame,
mírame por el mar, que voy radiante,
mírame por la noche que navego,
y mar y noche son los ojos tuyos.
No he salido de ti cuando me alejo.
Ahora voy a contarte:
mi tierra será tuya,
yo voy a conquistarla,
no sólo para dártela,
sino que para todos,
para todo mi pueblo.
Saldrá el ladrón de su torre algún día.
Y el invasor será expulsado.
Todos los frutos de la vida
crecerán en mis manos
acostumbrados antes a la pólvora.
Y sabré acariciar las nuevas flores
porque tú me enseñaste la ternura.
Dulce mía, adorada,
vendrás conmigo a luchar cuerpo a cuerpo
porque en mi corazón viven tus besos
como banderas rojas,
y si caigo, no sólo
me cubrirá la tierra
sino este gran amor que me trajiste
y que vivió circulando en mi sangre.
Vendrás conmigo,
en esa hora te espero,
en esa hora y en todas las horas,
en todas las horas te espero.
Y cuando venga la tristeza que odio
a golpear a tu puerta,
dile que yo te espero
y cuando la soledad quiera que cambies
la sortija en que está mi nombre escrito,
dile a la soledad que hable conmigo,
que yo debí marcharme
porque soy un soldado,
y que allí donde estoy,
bajo la lluvia o bajo
el fuego,
amor mío, te espero,
te espero en el desierto más duro
y junto al limonero florecido:
en todas partes donde esté la vida,
donde la primavera está naciendo,
amor mío, te espero.
Cuando te digan "Ese hombre
no te quiere", recuerda
que mis pies están solos en esa noche, y buscan
los dulces y pequeños pies que adoro.
Amor, cuando te digan
que te olvidé, y aun cuando
sea yo quien lo dice,
cuando yo te lo diga,
no me creas,
quién y cómo podrían
cortarte de mi pecho
y quién recibiría
mi sangre
cuando hacia ti me fuera desangrando?
Pero tampoco puedo
olvidar a mi pueblo.
Voy a luchar en cada calle,
detrás de cada piedra.
Tu amor también me ayuda:
es una flor cerrada
que cada vez me llena con su aroma
y que se abre de pronto
dentro de mí como una gran estrella.

Amor mío, es de noche.

El agua negra, el mundo
dormido, me rodean.
Vendrá luego la aurora
y yo mientras tanto te escribo
para decirte: "Te amo".
Para decirte "Te amo", cuida,
limpia, levanta,
defiende
nuestro amor, alma mía.
Yo te lo dejo como si dejara
un puñado de tierra con semillas.
De nuestro amor nacerán vidas.
En nuestro amor beberán agua.
Tal vez llegará un día
en que un hombre
y una mujer, iguales
a nosotros,
tocarán este amor, y aún tendrá fuerza
para quemar las manos que lo toquen.
Quiénes fuimos? Qué importa?
Tocarán este fuego
y el fuego, dulce mía, dirá tu simple nombre
y el mío, el nombre
que tú sola supiste porque tú sola
sobre la tierra sabes
quién soy, y porque nadie me conoció como una,
como una sola de tus manos,
porque nadie
supo cómo, ni cuándo
mi corazón estuvo ardiendo:
tan sólo
tus grandes ojos pardos lo supieron,
tu ancha boca,
tu piel, tus pechos,
tu vientre, tus entrañas
y el alma tuya que yo desperté
para que se quedara
cantando hasta el fin de la vida.

Amor, te espero.

Adiós, amor, te espero.

Amor, amor, te espero.

Y así esta carta se termina
sin ninguna tristeza:
están firmes mis pies sobre la tierra,
mi mano escribe esta carta en el camino,
y en medio de la vida estaré
siempre
junto al amigo, frente al enemigo,
con tu nombre en la boca
y un beso que jamás
se apartó de la tuya.

Pablo Neruda