lunes, 2 de abril de 2007

Adorada me voy a mis combates...

Retomo mis tiempos de escritura, no con un afán desordenado de querer volver a ser el mismo, sino con la necesidad imperiosa de plasmar para el recuerdo de los ojos afortunados la realidad de mi existencia. Siempre he pensado, y así lo han sabido mis amantes y mis naufragantes, que las palabras cuando sólo son pronunciadas valen menos que un centavo, en cambio, cuando se clavan en tierra firme frente a un hecho, como quien clava una lanza ensangrentada frente a su moribundo enemigo, vale la muerte en sus ojos como quien ve en ella su propia muerte.

Mientras voy envejeciendo, proceso del que no escapamos desde que nacemos, me doy cuenta con más frialdad que el mundo esta lleno de ignorancia, que las verdades son relativas, y que lo único que cuenta es decir las cosas del corazón, como el que dice a su madre que la ama, como el niño que pide un beso a mitad de mañana, o como aquel que con un suspiro ahondado en el pecho reclama al aire que no puede más, y ancla sus rodillas en la tierra mientras sus manos enjuagan la tristeza.

Por eso vengo aqui a decir las cosas de corazón. Es mi último deseo. Es un regalo para quienes me conocen, para quienes me aman, para quienes me sueñan. Pero no me dejo engañar, es una regalo también para quienes me odian, para los que no me entienden, para los que me persiguen en un deseo fugaz de ver mi tristeza haciendo de almas gemelas con la suya, los que están llenos de miedo.

Para los que estén interesados en esta retahila consciente de hallazgos esperados y inesperados, aquí hablaremos de la vida, del amor y el desamor, de las congruencias y las incongruencias, de la poesía, de los sueños de todos, de las magias de otros, de los personajes ajenos que son tan nuestros como lo es el día o la noche, en fin, lo que nos une y nos hace entendernos.

Con una profunda alegría y una profunda tristeza les doy la bienvenida a mi historia, a mis combates, a mis ideas, tan válidas como las de un niño inocente, las de un valiente guerrero, las de un cobarde asesino, o las de un terco anciano que todavía afirma en su suerte de muerte, que si ese día hubiese dejado vencer su orgullo, su soledad no sería la misma sombra que arrastra en sus pies desde hace tanto olvido.

A todos los que me aman, a todos los que me amaron y sobretodo a los que no se atrevieron a amarme.

2 comentarios:

Johanna dijo...

"La historia nos dijo al oído que debíamos recitar nuestros nombres en esa calurosa tarde de septiembre, nuestras presencias se bifurcaron. Fue una separación, que incluía un amable y simpático saludo; fue un mínimo adiós a través de una ventana que denunciaba la complicidad de esos desviados caminos. Con el vivir de cada día, inesperadamente, he visto tu cara pasar por diversas mutaciones, aunque jamás se dejó de lado esa inevitable belleza, que se burlaba inocentemente de la longevidad. Entre mi lista de palabras preferidas, comenzó a aparecer tu apodo, para luego dar paso a tu nombre, tu único yo. Y esa lista se convirtió en un libro cuyas palabras abandonaron su linealidad, porque en él se escribió un sentimiento tímido, reprimido, codificado, oculto inútilmente bajo la forma simple de la amistad. Querer es la palabra que jamás he dicho por temor a que esa criatura de luz se apodere de mí: la verdad.
Somos amigos porque cada paso que damos es una piedra más en nuestro camino. Eternos anexos de interrogaciones y absurdos, posiblemente condenados al olvido, que han desvirtuado aun más esas dos sendas idénticas en su naturaleza; separadas en ocasiones, otras veces unidas por la mera distancia existente entre esos intentos de respeto refugiados en algún zócalo del corazón. Hablamos de soledad, de compañías ausentes, de palabras sobreentendidas, de un corazón que intenta escapar de su propia persecución; pero son solo fragmentos de páginas y páginas y páginas... No puedo regalarte la solución a todas tus tristezas, pero puedo ayudar a que tus lágrimas dejen de fluir y trazar una sonrisa en tu rostro, que demuestre que tu existencia al menos vale la pena. Verte feliz o aunque sea contento, fue un disfrute compartido; fue una forma muy tímida de mostrarte que mi mano estaría firme para intentar levantarte de tus tropiezos. Y si en esa caída tu corazón se llegara a romper en pedazos, podría recoger un pequeño trozo y guardarlo en mí para cuando lo necesites. No eras un básico prototipo de amigo, porque simplemente no lo eres.
La historia nos dice al oído que los viajes en colectivo o el tránsito por ese nunca viejo camino ahora son diferentes. Todos los lugares en los que dejamos nuestra huella se han ido; el muro que nos divide quiere romperse, pero le es imposible hacerlo por sí mismo. Y nuestros nombres ya casi no se repiten. En ese libro que escribí con mis sentimientos, hablé sobre mis amigos, y entre ellos te hiciste un pequeño lugar, porque te convertiste en parte de mis palabras y de misma. Aquella continua caminata por la senda de la amistad, se ha convertido en un adiós de todos los días, en un adiós aún sin final.
Te Adoro Amigo..

Lucía.Eugenia dijo...

A veces nos sumergimos tanto en la estúpida pero necesaria rutina diaria que ni siquiera nos resta tiempo para preocuparnos por nuestros amantes, amigos, familiares y compañía. Ya me lo reclamabas en una oportunidad en la que se me atragantaron los sentimientos y la nostalgia se apoderó vilmente sin servir de nada hasta ahora. Tenía años que no me conectaba y, a pesar de que existe desde hace varios meses, es ahora cuando tengo la maravillosa oportunidad de explorar tu blog y reconocer a través de palabras, una vez más, al Yasser que desde siempre adoré y adoro, al Yasser que una vez amé y que hoy persigo con el deseo eterno de unir y celebrar mis alegrías como almas gemelas con las suyas.
Yo también quiero decir cosas del corazón, ya sabes que eso me encanta, aunque a veces erróneamente no deje tiempo para hacerlo, pero hoy me revelo contra el mundo: quiero decir cosas del corazón y punto, no hay rutina que valga.
Qué dicha saber de un espacio, de tu espacio, para que hablemos de amor y desamor, de poesía, de magia, de verdades e incongruencias, del día y de la noche, de nuestros sueños y los tuyos, de mi egoísmo y el de otros. Genial idea.
Tus palabras, en medio de un viento gélido y el sonido de unas puertas que se baten, han movido los recuerdos del baúl que guardo en mi memoria.
Los días van pasando implacables, los años nos recorren el cuerpo, nos estremecen el alma y al final nos dejan un par detestable: melancolía y soledad.
Como es infinita la retahila de cosas que hablaremos de aquí en adelante, como una vez lo hacíamos cuando tu mundo y el mío se encontraban e interconectaban, yo empiezo en esta noche fría en la que estoy abrigada hasta el alma, por decirte lo que nuestro amado Mario B. me enseñó a través de su poesía, poesía que nos alienta, nos traduce verdades y nos sumerge en la tristeza pero también nos salva de ella, esa poesía que sólo él sabe crear y que aparece en noches como éstas cuando todos se van y nadie nos entiende, verdad?: “sólo con ese gajo de corazón que no traiciona, que lava sus hechizos en la sangre fiable que sin pausa bombea se puede sobrevivir en el vacío mientras se aprende a respirar”. Aún estamos aprendiendo a respirar, a ratos tenemos amagos de ahogo y el vacío quiere que nos acostumbremos a él, pero no, entonces emprendemos la lucha y ahí vamos y seguiremos. A veces nos vamos porque es necesario, otras porque no, pero lo mejor es que a veces volvemos en una de esas vueltas que da el mundo sin avisar, por eso además te comunico que aquí vuelvo y me quedo para lo que quieras, para que sin paliativos nos digamos lo que pensamos y/o sentimos, para que juntos nos salvemos del olvido, para que cuidemos tu gajo y mi gajo que no traiciona, para que vengas al patio de mis rarezas y para ir de nuevo al patio de las tuyas que alimentan las mías ¿Vale?
Te adoro, negro.-
Lucía.Eugenia

EL POEMA DEL DÍA

LA CARTA EN EL CAMINO

Adios, pero conmigo
serás, irás adentro

de una gota de sangre que circule en mis venas
o fuera, beso que me abrasa el rostro
o cinturón de fuego en mi cintura.
Dulce mía, recibe
el gran amor que salió de mi vida
y que en ti no encontraba territorio
como el explorador perdido
en las islas del pan y de la miel.
Yo te encontré después
de la tormenta,
la lluvia lavó el aire
y en el agua
tus dulces pies brillaron como peces.

Adorada, me voy a mis combates.

Arañaré la tierra para hacerte una cueva
y allí tu Capitán
te esperará con flores en el lecho.
No pienses más, mi dulce,
en el tormento
que pasó entre nosotros
como un rayo de fósforo
dejándonos tal vez su quemadura.
La paz llegó también porque regreso.
a luchar a mi tierra,
y como tengo el corazón completo
con la parte de sangre que me diste
para siempre,
y como
llevo
las manos llenas de tu ser desnudo,
mírame,
mírame,
mírame por el mar, que voy radiante,
mírame por la noche que navego,
y mar y noche son los ojos tuyos.
No he salido de ti cuando me alejo.
Ahora voy a contarte:
mi tierra será tuya,
yo voy a conquistarla,
no sólo para dártela,
sino que para todos,
para todo mi pueblo.
Saldrá el ladrón de su torre algún día.
Y el invasor será expulsado.
Todos los frutos de la vida
crecerán en mis manos
acostumbrados antes a la pólvora.
Y sabré acariciar las nuevas flores
porque tú me enseñaste la ternura.
Dulce mía, adorada,
vendrás conmigo a luchar cuerpo a cuerpo
porque en mi corazón viven tus besos
como banderas rojas,
y si caigo, no sólo
me cubrirá la tierra
sino este gran amor que me trajiste
y que vivió circulando en mi sangre.
Vendrás conmigo,
en esa hora te espero,
en esa hora y en todas las horas,
en todas las horas te espero.
Y cuando venga la tristeza que odio
a golpear a tu puerta,
dile que yo te espero
y cuando la soledad quiera que cambies
la sortija en que está mi nombre escrito,
dile a la soledad que hable conmigo,
que yo debí marcharme
porque soy un soldado,
y que allí donde estoy,
bajo la lluvia o bajo
el fuego,
amor mío, te espero,
te espero en el desierto más duro
y junto al limonero florecido:
en todas partes donde esté la vida,
donde la primavera está naciendo,
amor mío, te espero.
Cuando te digan "Ese hombre
no te quiere", recuerda
que mis pies están solos en esa noche, y buscan
los dulces y pequeños pies que adoro.
Amor, cuando te digan
que te olvidé, y aun cuando
sea yo quien lo dice,
cuando yo te lo diga,
no me creas,
quién y cómo podrían
cortarte de mi pecho
y quién recibiría
mi sangre
cuando hacia ti me fuera desangrando?
Pero tampoco puedo
olvidar a mi pueblo.
Voy a luchar en cada calle,
detrás de cada piedra.
Tu amor también me ayuda:
es una flor cerrada
que cada vez me llena con su aroma
y que se abre de pronto
dentro de mí como una gran estrella.

Amor mío, es de noche.

El agua negra, el mundo
dormido, me rodean.
Vendrá luego la aurora
y yo mientras tanto te escribo
para decirte: "Te amo".
Para decirte "Te amo", cuida,
limpia, levanta,
defiende
nuestro amor, alma mía.
Yo te lo dejo como si dejara
un puñado de tierra con semillas.
De nuestro amor nacerán vidas.
En nuestro amor beberán agua.
Tal vez llegará un día
en que un hombre
y una mujer, iguales
a nosotros,
tocarán este amor, y aún tendrá fuerza
para quemar las manos que lo toquen.
Quiénes fuimos? Qué importa?
Tocarán este fuego
y el fuego, dulce mía, dirá tu simple nombre
y el mío, el nombre
que tú sola supiste porque tú sola
sobre la tierra sabes
quién soy, y porque nadie me conoció como una,
como una sola de tus manos,
porque nadie
supo cómo, ni cuándo
mi corazón estuvo ardiendo:
tan sólo
tus grandes ojos pardos lo supieron,
tu ancha boca,
tu piel, tus pechos,
tu vientre, tus entrañas
y el alma tuya que yo desperté
para que se quedara
cantando hasta el fin de la vida.

Amor, te espero.

Adiós, amor, te espero.

Amor, amor, te espero.

Y así esta carta se termina
sin ninguna tristeza:
están firmes mis pies sobre la tierra,
mi mano escribe esta carta en el camino,
y en medio de la vida estaré
siempre
junto al amigo, frente al enemigo,
con tu nombre en la boca
y un beso que jamás
se apartó de la tuya.

Pablo Neruda